¿que es la poesia?

Es posible en realidad definir la poesía? Pregunta difícil de responder, especialmente cuando ya estamos adentrándonos en el siglo XXI y tantas cosas que se daban por sentadas han terminando siendo muy distintas a lo que se creía que eran.
Aunque, bien puede intentarse más de una definición a partir de lo que uno sienta por la poesía, y decir, por ejemplo: “La poesía es la más importante expresión de la creación humana”, o “es la cúspide del arte”. Pero, si no se puede definir el arte, tampoco se puede definir la poesía. Es posible discernir sus elementos, y hasta su importancia. Pero no es sencillo hacer una definición de lo que en realidad es.
Se afirma, además, que está presente en toda manifestación espiritual importante, lo que la hace aún más indefinible. Pero vamos a limitarnos a la poesía escrita. Y aún más, a la poesía escrita en idiomas europeos occidentales, en los que puede hablarse de una poesía precisa, identificable, lo cual no puede decirse, por ejemplo, de la china.
Vamos a intentar algunas precisiones: la poesía escrita en español, que es finalmente la que nos interesa, tiene varias características generales y algunas muy particulares. Las generales, que aparecen también en la italiana, la francesa, la alemana, la italiana, la escandinava y todas las que se hacen en idiomas europeos, desarrollan la inteligencia. Simplemente porque obligan a usar varias partes del cerebro: al leerla se utiliza la parte del cerebro que maneja la vista; pero de inmediato el propio cerebro convierte lo que ve en sonidos, con lo que usa la parte relativa al oído, y todo ese conjunto pasa luego a ser algo inteligible, que pone a trabajar la imaginación y, lo que es más importante, el cerebro límbico, pues se convierte en emociones.
Una emoción pastoral, una sensación de sencillez y de tranquila belleza, de contemplar lagunas en un horizonte velado por la quieta niebla entre aroma de flores y campo, siente quien haya leído los versos hexasílabos de la famosa “Serranilla” del Marqués de Santillana (Iñigo López de Mendoza, 1358-1458):
Moça tan fermosa
non vi en la frontera,
como una vaquera

de la Finojosa.
Façiendo la vía
del Calatraveño
a Santa María
vencido del sueño
por tierra fragosa
perdí la carrera
do vi la vaquera

de la Finojosa.
En un verde prado
de rosas e flores,
guardando ganado
con otros pastores
la vi tan grasiosa
que apenas creyera
que fuese vaquera

de la Finojosa.
Etcétera, etcétera.
Son versos de seis sílabas, muy rítmicos, tal como los que hoy usamos preferentemente en los villancicos o aguinaldos, que también crean emociones de tranquilidad. Si nos limitamos a leer el texto, quizá no “escuchemos” su estructura. Por eso hay que leerlo en voz alta, para sentir con claridad su forma. Obsérvese la acentuación, que da el ritmo:
1. Mo ça tan fer mo sa
2. non vien la fron te ra,
3. co mou na va que ra
4. de la Fi no jo sa.

Parece hecho para ser cantado con cuerdas, flautas y tamborín. Hay música, música alegre, en todas sus partes. Y la estructura rítmica del verso 1 es igual a la del 4, en tanto que la del 2 coincide con la del 3, lo cual demuestra que el autor no se limitó a improvisar, sino que siguió un plan, tanto en ritmo como en rima de la cuarteta. Es decir, hay una clara intencionalidad de lograr un efecto a través de la forma. Pero la hay también en el tono y en lo que se dice: una joven vaquera en el campo causa en el lector una emoción específica de acercamiento a la naturaleza, de admiración ante el paisaje. El que escribe no describe el paisaje, sino que lo codifica para que el lector lo descodifique y sienta la misma emoción que el que lo escribió. El ritmo y la rima se leen y se escuchan, y generan una determinada emoción, que es la misma que puede tenerse al ver una obra plástica de gran belleza o al escuchar una música también bella, pero es el significado de las palabras lo que lleva al lector a sentir una emoción determinada, que ha sido introducida en el poema por el autor, y que en este caso es de frescura y alegría.
Veamos ahora otro texto muy conocido, las famosas estrofas o coplas de pie quebrado que Jorge Manrique (1440-1478) dedicó A la muerte del maestre de Santiago don Rodrigo Manrique, su padre:
Recuerde el alma dormida,
avive el seso y despierte
contemplando
cómo se pasa la vida
cómo se viene la muerte
tan callando;
cuán presto se va el placer,
cómo después de acordado
da dolor,
cómo a nuestro parescer
cualquiera tiempo pasado
fue mejor.

La sola alusión al “alma dormida” en el comienzo del poema marca el tono, definitivamente elegíaco y por lo tanto, triste. Pero escuchémoslo:
1. Re cuer deel al ma dor mi da,
2. a vi veel se soy des pier te
3. con tem plan do
4. mo se pa sa la vi da
5. mo se vie ne la muer te
6. tan ca llan do;
7. cuán pres to se vael pla ce er,
8. mo des pués dea cor da do
9. da do lo or,
10. moa nues tro pa res ce er
11. cual quie ra tiem po pa sa do
12. fue me jo or.
En los dos primeros versos hay un cierto arrastrase de melancolía que podría estar presente también en el tercero, el quebrado, pero que pasa a una cierta rabia en el cuarto y en el quinto y, en definitiva, no hay uniformidad entre ellos. En el 1 y el 2 se acentúan las sílabas segunda, cuarta y séptima, en tanto que en el 4 y en el 5 los acentos están en la primera, la cuarta y la séptima sílaba, lo que se repite en el 7 (que por terminar en palabra aguda agrega una sílaba no acentuada) y en el 8. En definitiva, lo que es común en los doce versos es que está acentuada, en todo ellos, la penúltima sílaba, en tanto que en las seis anteriores los acentos se reparten sin sistema preestablecido. Ello es normal en los romances, las coplas y las décimas, e implica que al autor no le interesa buscar un efecto determinado con el ritmo, aun cuando todo, el conjunto, mueve a una sensación de tristeza, de resignación, que debe haber sido el sentimiento de Manrique al escribir sus coplas.
La poesía española o en español, pues, se apoyó durante mucho tiempo en la forma, pero en pleno siglo XX algo cambia de manera radical:
Yo conocí a Bolívar una mañana larga.
en Madrid, en la boca del Quinto Regimiento.
Padre, le dije: ¿eres o no eres o quién eres?
Y mirando el Cuartel de la Montaña, dijo:
“Despierto cada cien años, cuando despierta el pueblo".

Dice Pablo Neruda.
Tratemos de ver cuál es la forma silábica y rítmica que utiliza, puesto que es evidente que no hay rima alguna:
1. Yo co no ciá Bo var u na ma ña na lar ga.
2. en Ma drid, en la bo ca del Quin to Re gi mien to.
3. Pa dre, le di je: ¿e res o noe res o quién e res?
4. Y mi ran doel Cuar tel de la Mon ta ña, di jo:
5. “Des pier to ca da cie na ños, cuan do des pier tael pue blo".
El primer verso tiene catorce sílabas, y están acentuadas la cuarta, la sexta, la octava, la undécima y la decimatercera. El segundo también tiene catorce sílabas, pero la acentuación es diferente: tercera, sexta, novena y decimatercera. El tercero es también de catorce, y están acentuadas la primera, la cuarta, la sexta, la novena y la decimatercera, o sea que no es idéntico al primero, sino parecido. El cuarto ya no tiene catorce, sino quince, y están acentuadas la tercera, la sexta, la décima y la duodécima. Y el cuarto tiene quince sílabas, de las cuales están acentuadas la segunda, la cuarta, la sexta, la duodécima y la decimacuarta. Es evidente que no hay la más mínima intención de crear un ritmo específico mediante en uso de los acentos. Y como tampoco hay rima (aunque podría pensarse que la hay imperfecta entre el segundo y el quinto verso: regimiento y pueblo), todo el efecto reside en lo que dice. Yo conocí a Bolívar una mañana larga, dicho en primera persona, con cierta arrogancia, incita a pensar en una gran esperanza, en un querer sembrar optimismo, que en este caso es optimismo revolucionario, lo cual se reafirma con la mención del Quinto Regimiento y, más aún, con la respuesta de Bolívar a la pregunta, intencionadamente poética en su forma reiterativa, y cuyas palabras (“Despierto cada cien años, cuando despierta el pueblo”), se refieren a que el pueblo español ha despertado cien años después de la gran acción revolucionaria de Simón Bolívar, factor principal de una de las más grandes y nobles revoluciones, lamentablemente inconclusa, que ha conocido la humanidad: la independencia de la América humana.
La poesía en idioma español, desde los tiempos del poema del Cid hasta los de Pablo Neruda, es decir, desde 1140 hasta 1940, años más años menos, se mantuvo fiel a las formas. Algunas importadas de otros países, como Italia, algunas propias, pero todas bien establecidas durante ocho siglos. Pero de repente las dejó de lado, quizá por influencia de países cuyos idiomas no se prestan ni a la rima ni al ritmo, como es el caso de los que hablan inglés o francés, cuyas lenguas se escriben tal como se hacía en el siglo XV pero se pronuncian en el siglo XX, por lo que todo se les complica (como si nosotros tuviéramos que escribir